Una despensa llena no siempre resuelve qué comer cuando se corta la luz. El arroz necesita cocción. Tu desayuno habitual puede depender de leche refrigerada. Una lata grande podría dejarte sobras que no puedes mantener frías.
Planificar algunas comidas con antelación ayuda a detectar esos problemas antes de necesitar los alimentos. Puedes preparar una reserva útil con productos normales del supermercado, eligiendo lo que ya gusta en tu hogar.
En esta guía vamos a considerar el peor escenario para preparar comida: sin electricidad, sin suministro de gas utilizable y sin una forma segura de cocinar sin depender de esos servicios. No hay una barbacoa ni un hornillo de camping disponibles, y no puedes hervir agua.
Todo se comerá a temperatura ambiente. Algunas comidas serán menos apetecibles que sus versiones calientes, pero un poco de planificación puede mantenerte alimentado durante una interrupción breve. Si tienes más opciones, adapta el menú para aprovecharlas.
Aprovecha los alimentos del refrigerador mientras sigan siendo seguros
Los alimentos refrigerados no se estropean en el momento en que se corta la electricidad. Antes de abrir tus reservas de emergencia, revisa lo que ya tienes y puedes comer sin cocinar.
Los tomates, la ensalada y el queso pueden mejorar un sándwich o acompañar pescado en conserva. Consume los alimentos refrigerados que sigan siendo seguros antes de recurrir a los productos que pueden permanecer en la despensa.
Mantén las puertas del refrigerador y del congelador cerradas tanto como sea posible. Un refrigerador que permanece cerrado suele mantener los alimentos fríos durante unas cuatro horas, pero es una estimación. La temperatura inicial, la temperatura ambiente y la frecuencia con que se abre la puerta influyen.
Usa un termómetro de refrigerador y sigue las indicaciones de la autoridad local de seguridad alimentaria sobre tiempo y temperatura. No comas alimentos que hayan dejado de ser seguros solo para evitar desperdiciarlos. Olerlos o probarlos no permite determinar de forma fiable si son seguros.
Los alimentos crudos que todavía necesitan cocción no te ayudarán si no tienes una forma segura de prepararlos.
Prepara las comidas con lo que realmente puedes utilizar
Desayuno
Los cereales con leche en polvo son una opción sencilla. Elige un producto que pueda mezclarse con agua potable fría y sigue sus instrucciones. Prepara solo lo que vayas a consumir inmediatamente.
La leche condensada diluida es otra opción si prefieres un desayuno más dulce. Recuerda que la leche condensada azucarada contiene bastante azúcar añadido y no equivale nutricionalmente a la leche normal. Las porciones pequeñas son más prácticas que abrir una lata grande que no podrás refrigerar.
Reserva suficiente agua segura para preparar la leche, además del agua para beber. Ni la leche en polvo ni la proteína en polvo convierten un agua no potable en agua segura.
Almuerzo
Las alubias en conserva con salsa de tomate sobre pan son una comida fácil. Estarán frías, y el pan no estará tostado si no tienes cómo calentarlo. Elige alubias, también llamadas frijoles, que puedan consumirse sin más cocción.
Para otro almuerzo, mezcla garbanzos en conserva con atún o salmón en lata. Añade ingredientes de ensalada mientras sigan siendo seguros para comer. El pan o las galletas saladas pueden hacer la comida más sustanciosa.
Elige conservas industriales listas para consumir y revisa las instrucciones. No supongas que todas las comidas en lata o bolsa pueden comerse sin calentar.
Cena
Una mezcla de alubias con maíz dulce y sardinas en salsa de tomate permite preparar una comida sencilla con ingredientes de la despensa. La salsa aporta sabor sin necesitar un aderezo aparte.
Si prefieres un sándwich, la crema de cacahuete o maní con mermelada es una alternativa útil. Elige una crema de cacahuete cuyas instrucciones permitan conservarla fuera del refrigerador después de abrirla. Las porciones individuales de mermelada, como las que se sirven en hoteles, evitan dejar un frasco abierto que necesite refrigeración.
La miel puede sustituir a la mermelada. Se conserva bien cuando se almacena correctamente y no necesita refrigeración.
Otras carnes en conserva listas para consumir pueden aportar variedad y más proteína. Prueba los productos fríos antes de depender de ellos.
Refrigerios y proteína extra
Una mezcla de frutos secos resulta práctica, siempre que nadie que vaya a comerla tenga una alergia relevante. Las barritas de cereales pueden aportar energía entre comidas, mientras que las de proteína pueden ayudarte a cubrir tus necesidades de proteína. Revisa las etiquetas porque las cantidades varían mucho.
Una proteína en polvo que pueda mezclarse con agua también puede ser útil. Elige una que ya toleres bien, incluye el agua potable necesaria y ten disponible un vaso mezclador u otro recipiente adecuado. Bébela poco después de prepararla y limpia el recipiente.
La proteína en polvo puede complementar tus comidas, pero no aporta automáticamente todo lo que ofrecería una comida.
Organiza las opciones en un plan de tres días
Esta es una forma de distribuirlas. Adapta las porciones a las personas de tu hogar en lugar de tratar cada propuesta como una ración fija.
Día 1
- Desayuno: cereales con leche en polvo recién preparada.
- Almuerzo: alubias frías en salsa de tomate sobre pan, con alimentos adecuados del refrigerador mientras sigan siendo seguros.
- Cena: mezcla de alubias, maíz dulce y sardinas en salsa de tomate.
Día 2
- Desayuno: cereales con leche preparada a partir del producto elegido para almacenar sin refrigeración.
- Almuerzo: garbanzos con atún en lata, acompañados de pan o galletas saladas.
- Cena: sándwiches de crema de cacahuete con mermelada o miel, con un batido de proteína si hace falta.
Día 3
- Desayuno: cereales con leche en polvo recién preparada.
- Almuerzo: garbanzos con salmón en lata.
- Cena: mezcla de alubias y maíz dulce con carne en conserva lista para consumir o una alternativa vegetal adecuada.
Incluye los refrigerios al planificar la comida de cada día. Añade fruta u otros alimentos que gusten en tu hogar, eligiendo productos compatibles con las mismas limitaciones de conservación y preparación.
El pan dura menos que la mayoría de las conservas. Sigue sus instrucciones de almacenamiento, revísalo antes de consumirlo y guarda galletas saladas u otra alternativa adecuada en tu reserva.
Comprueba que las cantidades sean suficientes
Anotar “cereales para desayunar” no te dice cuánto necesitas comprar. Mide la porción que realmente comes y calcula lo que necesita tu hogar para todo el plan.
Lee la información nutricional de esas porciones. Comprueba la energía total, además de las cantidades de proteína, hidratos de carbono y grasa. Un menú puede contener bastante proteína y seguir aportando poca comida en total.
La calculadora de necesidades nutricionales DRI del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, disponible en inglés, estima las necesidades diarias de calorías y las ingestas recomendadas de macronutrientes a partir de datos personales y el nivel de actividad física. Ofrece referencias para planificar, pero no analiza tu menú. Compara esas estimaciones con los totales de los productos elegidos, teniendo en cuenta las necesidades individuales.
Las personas veganas y vegetarianas deben prestar especial atención al sustituir el pescado, la carne y los lácteos de este ejemplo. Planifica alternativas adecuadas que aporten suficiente energía y proteína, incluidos productos enriquecidos cuando corresponda. Las personas con alergias o dietas prescritas necesitan suministros compatibles con las recomendaciones alimentarias que ya siguen.
Elige envases que puedas terminar
Una lata grande no siempre es la compra más útil. Una vez abiertas, muchas conservas necesitan refrigeración, igual que la leche preparada y otras bebidas mezcladas.
Elige tamaños que las personas de tu hogar puedan terminar en una sola comida. Dos personas pueden compartir una lata que dejaría sobras inutilizables a alguien que vive solo. Comprueba el peso escurrido al calcular cuánto alimento aporta una lata.
Guarda un abrelatas manual con tus suministros. Reserva agua segura para lavarte las manos y limpiar los utensilios, además del agua para beber y preparar alimentos. Nuestra guía de almacenamiento de agua para emergencias explica cómo planificar y mantener tu reserva.
Poder hervir agua cambia el menú
Incluso una forma básica y segura de hervir agua amplía mucho las opciones. Puedes preparar café soluble, comidas de camping diseñadas para rehidratarse y fideos cuyas instrucciones permitan prepararlos solo con agua hirviendo.
El cuscús instantáneo puede convertir pescado o alubias en conserva en una comida más satisfactoria. Algunos otros productos instantáneos a base de cereales funcionan de forma parecida, pero revisa el envase. El arroz normal y las alubias secas no quedan cocidos simplemente por dejarlos en remojo en agua caliente.
Calcula el agua que necesita cada producto y respeta el tiempo de reposo o las instrucciones de cocción. Usa barbacoas y hornillos de camping de combustible únicamente en lugares seguros al aire libre, siguiendo las indicaciones del fabricante. Nunca los uses dentro de una vivienda o una tienda de campaña.
Mantén una reserva que no requiera cocción aunque tengas un hornillo. El combustible puede agotarse, y las condiciones pueden impedir que lo uses con seguridad.
Mantén el menú y los suministros juntos en Survivalist
Una vez elegidas las comidas, usa Survivalist para registrar los alimentos que realmente tienes. Crea un inventario de suministros, llamado cache en Survivalist, para tu reserva de emergencia o utiliza el inventario de la despensa si es donde guardas esos productos.
Registra las cantidades en unidades fáciles de comprobar. “Cuatro latas de garbanzos, de 240 g de peso escurrido cada una” informa más que “garbanzos”. Mantén identificados por separado los lotes con fechas distintas.
Guarda tu menú como una guía para que esté disponible sin conexión. Cuando uses alimentos en las comidas habituales, actualiza la cantidad y repón el producto. El seguimiento de las fechas de vencimiento ayuda a identificar qué conviene usar primero.
Compara la estimación de cuántos días durarán los suministros con las comidas planificadas. Lo importante es saber si tus reservas cubren lo que cada persona va a comer realmente.
Empieza hoy: prueba un día de tu menú mientras puedas cocinar con normalidad. Pronto descubrirás qué alimentos no te gustan fríos, si las porciones son suficientes y qué necesitas cambiar.
